Me ha quedado dando vueltas en la cabeza este lío, que no sólo tiene que ver con aspectos legales, sino que también con varios de tipo filosófico. Leyendo el blog de Mathew Ingram, coincido con la idea de hacer del término Web 2.0 una marca bajo licencia Creative Commons cuya propiedad sea de O’Reilly pero la utilización de esta pueda estar permitida a la comunidad en general.

No entiendo en qué estaba pensando el equipo de O’Reilly con el “cease and desist” cuando es de conocimiento de cualquier ciberusuario que la utilización actual del término Web 2.0 la iniciaron ellos mismos, y de hecho causando un reconocimiento positivo por ello. Cualquier entendido en Web 2.0 ha leído el artículo clásico de Tim O’Reilly para comenzar a entender lo que es esta revolución. Por ello, nadie ha discutido la autoridad de éste con respecto al tema.

Sin embargo, y en esto también coincido con Ingram, lo único que han conseguido es dañar su propia imágen, casi de forma matonesca, que podría afectarles en Noviembre cuando realicen su tercera Conferencia.

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